Hace algún tiempo que en determinadas ciudades del mundo, algunas empresas turísticas organizan viajes a los barrios marginales y más pobres de cada ciudad. Así, p.e., Río de Janeiro y sus favelas, las Villas miseria de Buenos Aires, o de México DF, o barrios pobres de solemnidad en ciudades de Sudáfrica o de la India, son objeto de visita turística.
Cuando creíamos, con Galbraith, (creo recordar que lo leí en su libro “La pobreza de las masas”), que lo peor de la pobreza para mucha gente era, precisamente, observarla de cerca; una “nueva forma” de turismo emerge satisfaciendo una demanda deseosa de observar de cerca, y con el mayor detalle, tanto los escenarios de la pobreza como a sus actores principales, acudiendo a verdaderos parques temáticos donde se representa la miseria.
En una primera aproximación a este fenómeno, podría pensarse que los límites éticos se estarían traspasando ampliamente con este ejercicio voyeurista y un tanto obsceno ejercido por personas que, no solo estarían faltando al respeto a los ciudadanos que pueblan estos guetos en las ciudades globales, sino a ellos mismos.
Pero, nos preguntamos, ¿Qué buscan realmente estos turistas?,¿Por qué acuden a este teatro o museo de la pobreza?, ¿Quizás para ver el presunto “hecho diferencial” de estos pobres?, ¿Qué expectativas tratan de satisfacer con esta “experiencia" y cuál es el balance después de la misma?....
Quizás se trate de conformarse con la buena suerte que asiste a los ciudadanos que tienen el privilegio de disponer de unas condiciones de vida tan alejadas de la que sufren los pobladores de estos barrios, o, quizás se trate de ejercer –como dicen y justifican algunos de los promotores de estas iniciativas- una actividad solidaria, posibilitando algunas economías dentro de estas bolsas de pobreza máxima, ya que –entienden- conociendo esta realidad será más factible contribuir a cambiarla, mediante nuevos compromisos de estos “turistas” para realizar acciones solidarias en red con estos barrios una vez regresen a sus lugares de origen. Pero, en este último supuesto, ¿se hace necesario hacer o emplear ésta vía turística para cambiar desigualdades tan radicales?, ¿Por qué las autoridades gubernamentales no son invitadas, en primer lugar, a un fam-trip, para que “in situ” escuchen, vean, olfateen, compartan y luego reflexionen sobre esta “experiencia turística”?..
En fin, siempre pensamos que el turismo debiera ser capaz de intervenir positivamente en la reducción de la pobreza y los desequilibrios económicos, y que debiera ser, en consecuencia, un útil instrumento para distribuir y extender los beneficios de la actividad entre amplias capas de la comunidad local. Lo que nunca llegamos antes a pensar es que el denominado por algunos autores “turismo de la pobreza”, se podría instalar entre nosotros, sin ruido y sin la menor alarma, como si estuviéramos asistiendo a una nueva representación teatral, o a la visita de un museo o de un parque temático.
Tenemos muy serias dudas de que con estos viajes se asegure el respeto debido a estas personas, ciudadanos antes que pobres. Tenemos también serias dudas de que ello contribuya eficazmente a paliar déficit estructurales de alimentación, educación, salud, o de infraestructuras y romper así el denominado “circulo vicioso de la pobreza”. Lo que, sin embargo, nos ofrece alguna certeza es que estos viajes, estas prácticas turísticas, no podrán acabar con la dignidad de los pobres.
Como relataba hace muchos años Salvador de Madariaga en su libro “España”, la respuesta a todo este simulacro turístico podría estar en las palabras que un pobre jornalero andaluz de la época dirigió a un capataz que le hacía una propuesta laboral degradante: “Mire usté, en mi hambre mando yo”.
Saludos cordiales!


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Alfonso, cómo se agradece tu permanente inquietud académica.
Comparto plenamente la idea de que tenemos que seguir conociendo y reflexionando mucho más sobre la cuestión que aquà nos convoca y, por tanto, sobre las relaciones que se producen entre el fenómeno de la pobreza y el turismo.
Me interesará leer en su integridad el trabajo que citas de D. Dwek, porque la sola lectura de las dos conclusiones que destacas, sigue ofreciéndome algunas dudas. No sé si me/nos podrás aclarar alguna, p.e., ¿Qué prejuicios tenÃan los turistas sobre las favelas, que ahora han disipado? ¿ TemÃan por su integridad fÃsica? ¿Han encontrado una situación social y económica mejor de la que esperaban encontrar? ¿Qué clase de prejuicios tenÃan estos turistas interesados en este tipo de visitas?..
Por otro lado, también tendrÃamos que conocer mayores detalles del citado estudio, para conocer sobre qué factores principales descansa esa actitud favorable de los residentes de las favelas ante estos tours. Supongo que estarán relacionados, de alguna forma, con la mejora de las condiciones económicas de algunos de sus habitantes.
No lo sé, y aunque nos podamos salir del tema, además del natural respeto, reconozco igualmente una cierta prevención ante las opiniones favorables de inmensas mayorÃas ciudadanas hacia fenómenos inmensamente peligrosos para el futuro de sus propias comunidades. Los ejemplos, de todos los colores, son harto conocidos, y además suceden muy cerca de nuestros entornos. Aquellos ciudadanos que apoyaban sin reservas y votaban masiva y entusiásticamente a esos campeones municipales del empleo y la riqueza repentina para sus comunidades locales, cuando a todas luces iban desarrollando modelos degradantes e insostenibles, hoy se agolpan soliviantados a las puertas de los juzgados pidiéndoles exigencias en las que, curiosamente, antes nunca pensaron.
Bueno, un cordial saludo!
Como el tema de los problemas éticos que enfrentan los tomadores de decisiones empresariales es algo que desde hace mucho me interesa, y ahora especÃficamente dentro de lo que se está dando en llamar turismo responsable, he estado siguiendo la pista a ese ejemplo tan sugerente de los "favela tours", tratando de ponerme del lado de los habitantes de esas favelas, o favelados. ¿Qué piensan ellos? Parece que hay muy poco escrito cientÃfico sobre el particular, pero he encontrado un trabajo extraordinario de Deborah Dwek, del año 2004, justamente sobre este fenómeno particular.
Destaco sólo dos de sus conclusiones:
-Estos tours pueden ser una manera efectiva de disipar prejuicios sobre las favelas.
-La mayorÃa de los residentes en estas favelas tienen una visión positiva de estos tours. O sea, que los apoyan.
Qué cierto es que una misma realidad puede contemplarse desde ángulos o puntos de vista muy diferentes.
A seguir reflexionando...
Gracias Isabel (se llama "post" en esta terminologÃa) y Ramón por compartir esta reflexión. Un cordial saludo!
Txabi, muy de acuerdo con esta opinión (¿o se llama artÃculo en terminologÃa Blogera?. Y al comentario de Esther le añado, ¡Eso en el mejor de los casos! Porque bien puede ocurrir, que de la experiencia de la favela salgas con un tiro (de acuerdo, es un caso extremo, pero asà le añado emoción) y entonces bien que se exigirá al Ministerio de Asuntos Exteriores o al de Consumo que asuman su reponsabilidad de proteger al consumidor o al turista, al vendedor indemnizaciones, etc.porque por mucho que estemos en esa favela, estaremos en nuestra burbuja. En el mercado se ofrece de todo, y tenemos tanta confianza en él que creemos que si se ofrece será que se puede comprar.
Salud
Trabajé en mis inicios en turismo, recien finalizada la carrera (soy TET) de guia acompañante, mientras finalizaba mis estudios de derecho. Una experiencia apasionante, viaje lo que nunca hubiese viajado ... por cuestiones económicas, ganaba en aquellos años bastante dinero y me financiaba mi otra carrera. Probablemente una de las experiencias más "extrañas" fué cuando descubrà después de algunos viajes por el norte de Africa (Tunez) verdaderos "seguidores" de este pais, ... y no porqué el paÃs no sea interesante que lo es, que duda cabe. La primera vez no me atrevà a "preguntar" las razones, luego y, ya en otras ocasiones ... pregunté ... las razones eran múltiples; aunque podrÃan resumirse facilmente en una "se sentian bien, muy bien", ... muchos/as no habian viajado ni por España, ni por Europa, al final comprendà "se sentian superiores ...". En aquella época trabajaba en una agencia de viajes, de las llamadas tradicionales, en viajes tradicionales y con turistas tradicionales. Han pasado los años, y hemos encontrado justificacion de todo y para todo, ... e incluso hemos creado nuevos productos que bajo la DO de "solidario" son todo menos turismo, todo menos SOLIDARIO. Y ya sé que hay gente para todo, viajes para todos, pero tal y como repetia el ya retirado Lluis Llach: "no es això companys, no es això" ("no es esto compañeros, no es esto" ... en castellano o español ... ). Un saludo y muchas gracias, como siempre Javier por tus reflexiones.
Gracias Esther y Alfonso por vuestros comentarios que, además de acertados, se comparten. Es cierto como dices Alfonso, "que hay gente para todo", dentro de las reglas del mercado y del marketing. Me viene ahora a la memoria quienes organizan o pagan programas de ocio para practicar la guerra virtual en fines de semana, en los que uno de los ingredientes de cada combatiente es disponer de sustancia que simule la sangre; y sabemos igualmente que coexisten con ésta otras múltiples actividades que motivan desplazamientos y gasto turÃstico y que, -sus promotores dicen- "garantizan fuertes emociones". Tenemos que reconocer, pese a nuestros criterios, que estas opciones personales entran dentro de la libertad del individudo para organizar su vida. Pero, asÃmismo me parece que, pese a la evidente anomia que caracteriza a las sociedades actuales, -como bien dices Alfonso-, desde el turismo, desde las tribunas en las que podemos ejercer nuestra opinión, debieramos, -de acuerdo con Esther-, decir que estas experiencias no nos resultan indiferentes, y que no reconocemos en ellas al turismo ético y responsable por el que trabajamos y en el que creemos. DecÃa Aristóteles, a propósito de la virtud, que el civismo se aprende practicándolo. Me temo, sin embargo, que la idiocia, la trivialidad y la banalidad, una vez ya instalada, tenga un mal o imposible retorno.
Un eminente profesor (de administración de empresas) me dijo una vez algo que se me quedó bien grabado: "hay gente para todo"; el secreto del marketing está en saber encontrarlos y dirigirles el mensaje apropiado. Pues bien, también hay personas a las que le gustan estas cosas. No tengo datos, pero dada la quiebra de valores que experimenta la sociedad contemporánea, la generalización de la cultura de la relatividad (todo es relativo), la laxitud en lo que se conoce como ética, la falta de escrúpulos cada vez más extendida en muchos ámbitos, etc., intuyo que es un nicho de mercado en crecimiento y, por tanto, con un atractivo creciente.
Los gestores empresariales se enfrentan a dilemas éticos, más allá de lo que delimitan las leyes, y las empresas turÃsticas no son una excepción. Hace unos meses comprobé cómo agencias de viajes ofrecen tours a las fabelas en RÃo de Janeiro, por ejemplo; también es verdad que otros agentes del sector en ese mismo lugar me dijeron que ellos no ofrecÃan ese producto, por razones éticas.
Pero seamos conscientes que "hay gente para todo", es decir, gente a la que le apetece ver estas cosas, quizás para experimentar algo diferente, una emoción nueva, ahora que tanto se habla, y con razón a mi modo de ver, que en el turismo lo que hay que hacer es vender emociones, excitaciones. Parece que la contemplación de la pobreza las puede generar. Si a partir de ahà se lograra, de verdad, remover las conciencias y adoptar una actitud activa de combate de la misma, podrÃamos darnos por satisfechos.
Txabi, genial este post, muchas gracias. Qué dignidad la de este jornalero andaluz, desde luego.
A mà personalmente me parece poco ético este "turismo de la pobreza". La solidaridad es una simple excusa que no se mantiene en pie. En realidad alimenta esa parte voyeurista que tenemos, como lo hace la bazofia televisiva, para que luego, de vuelta a casa, invitemos a nuestros amigos y ante una carne asada les contemos las barbaridades que hemos visto -ellos arrugarán la nariz en señal de asco, claro, casi seremos héroes ante sus ojos- y, por supuesto, les pasemos el DVD y les enseñemos las fotos.
Les contaremos que le dimos un paquete de galletas a un niño sucio y descalzo, o que compramos unos helados a un grupito de chavales dasarrapados. Y qué cara de agradecimiento ponÃan! Quizá le daremos a alguno algo de dinero a cambio de nada, porque es que somos buena gente..., y tan afortunados!! Nos gusta compartir..., y nuestros amigos asentirán, claro, entre bocado y bocado.
Quien se interesa por la solidaridad se dedica a otro tipo de viajes. Que cada uno haga negocio con lo que le parezca, pero no dejemos de llamar al pan, pan y al vino, vino.
Saludos