Hola a todos,
con alguna reiteración leemos interesantes aportaciones de nuestros colegas de Comunidad, refiriéndose, p.e., a los recursos humanos en el turismo; a la calidad del servicio ligado indisolublemente al trabajo bien hecho; o, al talento, como una de las grandes piezas de la nueva arquitectura de las organizaciones y de la gestión de los recursos humanos. Y nos parece que casi todo cuanto al respecto leemos resulta razonable y asumible.
Tratando de ahondar un poquito más en las condiciones sociales de incertidumbre, inestabilidad y fragmentariedad ligadas a la economía del “nuevo capitalismo”, me ha parecido excelente el análisis que efectúa Richard Sennett sobre los particulares desafios a los que se enfrenta el “tipo ideal de hombre/mujer” que se busca para estos nuevos tiempos en las organizaciones empresariales. Estos desafíos serían sucintamente citados:
- El tiempo; es decir, la forma de manejar las relaciones a corto plazo y así mismo en un mercado de constantes mutaciones profesionales.
- El talento; es decir, cómo desarrollar nuevas habilidades; cómo explorar capacidades potenciales a medida que las demandas de la realidad cambian. El orden social emergente milita contra el ideal del “trabajo artesanal”, es decir, contra el aprendizaje para la realización de una sola cosa realmente bien hecha. En lugar de esto, la cultura moderna nos propone una idea de “meritocracia”, que celebra la habilidad potencial más que los logros del pasado.Las competencias del individuo quedan rápidamente obsoletas.
- La renuncia; es decir, cómo desprenderse del pasado, ya que en algunas organizaciones nuevas, el servicio prestado en el pasado no garantiza al empleado un lugar en su organización. Se necesitaría un rasgo de la personalidad que descartase las experiencias vividas, y que nos presenta un sujeto que se asemeja más al consumidor –quien siempre ávido de cosas nuevas, deja de lado bienes viejos aunque todavía perfectamente utilizables-, que al propietario celosamente aferrado a lo que ya posee.
Richard Sennett ha escrito un ensayo muy interesante, que hay que degustar y leer despacio, sobre en qué manera la sociedad actual busca a este hombre/mujer ideales, en una investigación muy seria que es el objeto principal de su libro “La cultura del nuevo capitalismo” (Anagrama). Para Sennett, vamos a un yo orientado al corto plazo, centrado en la capacidad potencial, con voluntad de abandonar la experiencia del pasado.
Pese a reconocer que este tipo de persona ideal no resulta afortunadamente todavía muy frecuente entre nosotros, todo esto anuncia, en nuestra opinión, un panorama bastante desalentador. Los efectos de la economía del denominado “nuevo capitalismo”, están ahí delante de nosotros, con indudables cambios en las organizaciones, en las habilidades personales, en las pautas de consumo,….con sus luces y sus sombras. Hay quienes, ardientes defensores de estos paradigmas, creen ver con ello más libertad en el horizonte de las sociedades modernas. Otros, sin embargo, como el propio Sennett, y yo con él, mantenemos un abierto escepticismo sobre si el ansiado "éxito personal" conlleva necesariamente el progreso social. Saludos cordiales!

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Gracias Esther, como siempre, por compartir reflexiones, esta vez sobre cuestiones para mí ciertamente complejas que afectan a la economía, a la psicología, a la sociología, y a tantas otras disciplinas. Cuando aludía entrecomillado al “éxito personal” acuñado por los nuevos gurús de las organizaciones flexibles y de vanguardia de la nueva me refería, obviamente, a un modelo de éxito en el que creo muy poco, si lleva aparejado -como en tantas ocasiones - la merma de valores sociales, la transformación del prestigio moral del trabajo, nuevas desigualdades o traumas emocionales.
Me cuesta admitir eso que dices de "olvidar conscientemente la experiencia del pasado". Es más, me parece imposible. Sería como desprogramarse, eso sí “conscientemente”, para estar suficientemente preparados y abiertos ¿o vacíos? a que nos reconfiguren al modo que el sistema pretenda.
Cierto es que adquirimos nuevas habilidades constantemente, que estamos cambiando abiertamente nuestra base de conocimiento, pero la experiencia no debe ser un lastre, es nuestra memoria, un caudal intransferible, lo que nos da identidad personal y laboral, lo que nos hace diferentes entre iguales, lo que nos da el control sobre nosotros mismos.
Y, sin embargo, en las organizaciones “flexibles”, la experiencia pierde valor a medida que se acrecienta. La automatización es indiferente a la experiencia. Las fuerzas del mercado, con su indiferencia hacia el relato personal, está introduciendo el fantasma de la “inutilidad” en la vida de mucha gente.
La llamada “capacidad potencial” para crecer, contrapuesta a los logros del pasado, me parece un arma de dudosa validez en sus actuales aplicaciones. En estas selecciones de talentos, a quienes se considera privados de recursos internos se les deja en el limbo. Sennett mantiene que las organizaciones flexibles privilegian la “capacidad potencial”, el tipo de vida mental que encarnan los consultores, que pasan de un lugar a otro, de un problema a otro, de un equipo a otro y dice textualmente, “Para ese trabajo se requiere verdadero talento. Es la habilidad para pensar, con la mirada puesta en el futuro, qué hacer cuando hay que romper el contexto y la referencia, lo que, en el mejor de los casos, es una trabajo de imaginación, pero, en el peor, esta exploración de talento corta la referencia a la experiencia y los lazos que unen a las circunstancias, renuncia a las impresiones sensoriales, separa análisis y creencia, ignora el poder de cohesión del compromiso emocional y castiga la profundización, todo lo cual lleva a vivir en un puro proceso, que el filósofo Zygmunt Bauman llama “modernidad líquida”: exactamente la condición social del trabajo en los sectores punteros”. Perdona por el rollo. Saludos!
Imagino que cuando dices "éxito personal" entre comillas te refieres a lo que socialmente, en el capitalismo, se considera como tal y que se reduce a "ser algo y ganar dinero". El fin justifica los medios. Me apuesto algo a que definitivamente, este camino no lleva ni al progreso social ni al progreso del exitoso personaje. Ganará más dinero y quizá acumule cargos, pero eso no garantiza el progreso entendido como obtener una mejora en las condiciones de vida -no sólo económicas!!- del ser humano sin que nada ni nadie salga perjudicado en el proceso.
Yo no soy tan pesimista. Creo que algo está cambiando efectivamente y que ese "éxito personal" ya huele un poco a rancio. Sé que soy una persona ingenua, pero pienso de verdad que de cada vez la gente aspira a otras cosas más allá de acumular mucho dinero y poder.
Y en lo referente a la experiencia del pasado..., quizá sea bueno olvidarla. Olvidarla conscientemente, no recurrir a ella ante un nuevo reto. La experiencia está ahí y trabaja en secreto, pero afrontar nuevos retos de forma imaginativa seguramente requiere renunciar a la búsqueda consciente en ese pozo.
Me voy a otra guerra.
Saludos!