Las low cost ¿son una especie en extinción? Sin duda la actual coyuntura, caracaterizada especialmente por un barril de petróleo a más de 135 dólares, un alza histórica y con expectativas de continuar subiendo, golpea en algunos casos mortalmente a este sector. Con una estructura de costes lo más reducida posible, el combustible es el mayor coste que afronta este tipo de compañía. Luego también les afectan otro tipo de factores muy importantes, la guerra de precios, por lo general declarada desde este sector, la bajada de los niveles de ocupación, la sobreoferta y la desaceleración de la demanda, demasiadas operadoras. Lo cual ha afectado otro elemento muy importante e indispensable para su rentabilidad, el volumen y la ocupación. Estos factores y la imposibilidad de subir sus tarifas, en un segmento donde la principal apuesta son precisamente los precios bajos, las ha llevado a seguir diversas vías para lograr beneficios: incorporar recargos por facturación, por maleta facturada, y un largo etcétera. Ofrecer "servicios no aéreos" (léase hoteles, alquiler de coches, boletos para espectáculos o parques temáticos), una fórmula que ahora están utilizando casi todas las compañías aéras, low cost o no, y es lo que le ha permitido obtener beneficios a Raynair en su último ejercicio.
Otra vía adoptada es la incorporación de servicios, propios de las compañías de red, destinados fundamentalmente a captar al pasajero de negocios, para lo cual se han visto en la necesidad de entrar en los BSP y alcanzar acuerdos con Amadeus para tener presencia en este rentable segmento. Así han tenido la oportunidad de aplicar tarifas más caras pero con la flexibilidad y otra serie de facilidades y benficios que requiere el hombre de negocios. Total que casi podría decirse que las compañáis de red paracen las low cost del corto largo, o sin servicios (no frills) y las low cost parecen las tradicionales.
El grupo Sabre hizo un estudio entre las 540 compañías más representativas de este sector concluyendo que un 59% de estas aerolíneas han modificado tanto su modelo de negocios que ya no deberían ser incluidas en esta categoría, tal y como informamos en Hosteltur. El alza creciente del precio del combustible han empeorado la situación y hemos visto la quiebra de por lo menos seis compañías low cost. Tal y como reseñábamos ayer en la noticia "La hora low cost ha terminado", a esta conclusión han llegado varios en la industria, como British Airways, en lo que han coincidido easyJet y Raynair. Directamente por quiebra o por la transformación del modelo, la era de la slow cost parece estar llegando a su fin.
UN COMENTARIO
Una lectora hizo el siguiente comentario al artículo, el cual reproducimos: "No concuerdo con la última parte del artículo en que más que información se plasma opinión, sin citar ninguna fuente. Considerar que una aerolínea low cost por introducirse en BSP y distribuirse a través de agencias pueda llegar a salirse del mercado y conseguir lo peor del modelo me parece un gran error, ya que hay aerolíneas como Air Berlin que han sabido demostrar que éste es un modelo de éxito".También voy a reproducir mi respuesta: El artículo no sólo es información sino también incluye la interpretación de lo que han opinado en la industria, empezando por los citados en el artículo. Cuando se trata de una interpretación, una conjetura, que no una opinión, no hay que citar fuentes. Cuando digo que una low cost podría tener lo peor de dos mundos, no me refiero al aspecto de comercializarse a través de las agencias, sino al de establecer políticas comerciales que encarezcan los precios. He utilizado el verbo poder en condicional, es decir, “podría”, no quiere decir que esté ocurriendo con una aerolínea en particular, y mucho menos Air Berlin que ha establecido un servicio business para todos sus pasajeros, además de que por lo general no le gusta ser incluida en la categoría de las low cost sino de tarifas bajas.No obstante, ya se da el caso de alguna low cost que con tantos recargos resulta tan cara como una de red, a veces hasta más, y sin embargo no da servicio alguno. Es un ejemplo de “lo peor de dos mundos”

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