DespuĂ©s de un brevĂsimo viaje hasta la capital alemana, me he dado cuenta de la poca planificaciĂłn urbanĂstica que tienen las ciudades españolas (evitando mayores comparaciones). BerlĂn es una ciudad que llama a la calma, al paseo (en bici, a pie, en tranvĂa o en bus), parece limpia y lo está, e invita por ello a conocerla.
Nuestras grandes ciudades, repletas de actividades, museos y ofertas de ocio y hostelerĂa, sĂ, invitan al turista a hacer cosas, pero bajo un ambiente de estrĂ©s. El ruido y la suciedad producidos por el tráfico son una molestia que deberĂan evitarse. Pero no sĂłlo para los turistas sino tambiĂ©n para los ciudadanos.
Nuestras ciudades se han olvidado de sus habitantes. O mejor dicho, sus gobernantes y constructores.


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QuĂ© razĂłn tienes. Y ya si te sales un poco de las grandes ciudades, que por lo menos parece que mantienen el sentido de la estĂ©tica arquitectĂłnica, y entras en las que nacieron como ciudades- dormitorio es para echarse a llorar. Vale que hace cuarenta años o más se necesitara crear alojamiento como fuera para toda esa gente que venĂa de los pueblos, pero ahora siguen haciĂ©ndose construcciones horribles, pisos feos pero feos feos.
Y si un promotor compra un terreno para construir, para qué va a planificar un espacio ajardino en la acera si puede aprovechar esos metros para hacinar a más gente.
Yo hace tiempo que pienso que el gusto en el urbanismo lo perdimos hace tiempo (salvo algunas excepciones, que siempre las hay).