Pregunta que hace el redactor de esta editorial, Jose Manuel de la Rosa, no exenta de provocación.
Ya he expresado en multitud de ocasiones mi opinión acerca del panorama asociativo sectorial que nos ocupa, aportando siempre una visión critica desde dentro, para provocar efectos de reflexión, el resultado es pobre mas allá de algunos intercambios de piropos entre responsables de asociaciones.
Los ruegos no son oídos ni compartidos, con lo cual hay que ser muy respetuoso con las posiciones ajenas, que no coinciden con las mías a tenor del inmovilismo sectorial.
Entrando en materia y respondiendo a la pregunta, con una respuesta igual de tajante,
“No sirven para nada útil”.
Los asociados mas allá de pagar una cuota, tienen la percepción de que la asociación solo aporta “presencia” en instituciones políticas, instituciones jurídicas, relaciones con proveedores, eventos, foros, etc.
Con toda la modestia posible creo que las preguntas deberían ser, (en el caso de aceptar la anterior descripción), ¿las queremos solo para eso?, a lo mejor ni tan siquiera sabemos si las queremos o no, en este caso la pregunta correcta debería ser, ¿De no existir , las crearíamos?, ¿formaríamos parte?, ¿con que finalidad?, la batería de preguntas podría mucho mas extensa.
Si se trata solo de tener presencia como sector para hacerse fotografías, a algunas asociaciones les sobra mas de la mitad de los recursos ejecutivos.
Si solo pretenden ser fuertes jurídicamente (como especialidad) para defenderse de los ataques de intrusismo político o laboral, el coste de la inversión es inversamente proporcional al resultado obtenido.
Tenemos un grave problema de imagen sectorial débil y dispersa, con escaso o nulo reconocimiento de la actividad en los campos económico y social, carecemos de la fuerza necesaria para hacernos un hueco.
Serio problema de liderazgo, presidencias casi vitalicias en la mayoría de ellas.
Incapacidad de adaptarse a las necesidades actuales de sus afiliados, de ahí la baja participación e implicación en dedicar tiempo a las tareas asociativas
generando un distanciamiento entre “ellos” (los que dirigen) y “nosotros” (los que pagamos).
Demasiado hermetismo a lo relativo a la información, al conocimiento generado por experiencias, se siguen guardando en cajones cerrados con llave, solo amigos o “listillos” parece que tengan acceso a ello, cuando en la mayoría de las veces, es solo eso, Información.
Se ha dado demasiada importancia en las relaciones con proveedores, dejándoles “entrar” para su propio beneficio, olvidando que el cliente de una asociación es un agente de viajes.
Los asociados tienen problemas, solo acuden a la asociación para exigir que se los resuelva.
Craso error si pensamos que la asociación es una gestoria, una consultora, o un gabinete jurídico laboral, peor aun si pensamos que es el equivalente a la “Guardia civil de trafico”, pero si leemos la publicidad en sus paginas Web veremos que el error por parte de las agencias no es tan grande ya que ellas ofrecen estos servicios.
Hasta aquí un breve repaso de lo que hacen, y como actúan, además de enarbolar la bandera de la Defensa del sector, frase común a todas ellas, siempre me hago la misma pregunta, ¿Quién es el enemigo?
Frase que va mas allá cuando se propugna:
Unión del sector para su defensa.
En mi opinión una asociación moderna debería estar situada dos pasos por delante de la actividad:
Ver de que forma se puede reconducir la fuerte normativa (que parte de los años cincuenta) para ejercer la actividad.
Si desaparecen la mayoría de contratos vinculantes con proveedores, desaparece gran parte de la problemática actual.
Si se agilizan los tramites para una licencia, se facilita la integración de muchos “intrusos”.
Acordar con instituciones (Universidades, escuelas de turismo, etc.) planes de formación para los agentes.
Generar datos estadísticos propios del sector, para uso interno y externo.
Cambiar la mentalidad de ostentación de “chiringuitos” por “empresas”.
Ser agente de viajes debería ser una decisión empresarial, jamás una alternativa al paro.
Los dirigentes de las federaciones deberían entender que España ya no es un país centralista, las autonomías son soberanas en materia turística, ello no impide adaptar el modelo federal a la nueva realidad, entender esta realidad es vital,
“sirva de paradoja, siendo España turísticamente hablando un sector federal, hecho que no se entienda desde una federación”.
No se debe seguir causando la percepción de imposición, se ha de generar interés por pertenecer a una institución de carácter superior que sepa ganarse al conjunto de asociaciones, por su capacidad de liderazgo y valor añadido.
No se puede exigir a la sociedad que tenga reconocimiento, respeto, dignificación, mientras no exista en el mismo sector.
En cualquier caso estos valores, han de ser reconocidos por las trayectorias de aporte a la sociedad o a la economía, jamás se pueden exigir.
Es evidente que si las asociaciones de agencias de viajes quieren subsistir, tendrán que reinventarse, en su orientación y acción, las coyunturas económicas actuales y futuras no les son nada favorables para seguir perpetrándose en este Status Quo.

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