Leo en el diario Avui de hoy una artículo sobre Oscar Brenifier, a propósito de la publicación del libro “El llibre dels grans contraris filosòfics“, de la que rescato unas palabras referidas a los niños que tienen cierta similitud con lo que ocurre en el seno de algunas organizaciones:
“… en los niños hay un deseo natural por todo esto, unas preocupaciones intelectuales innatas que, si no se alimentan, se olvidan. Entonces su mundo se reduce a la inmediatez y a la obediencia.“
Inmediatez y obediencia, dos palabras que por si sólas suenan a automatización, a tarea secuencial, a robotización … que como indica O. Brenifier acaban por ser el motor del comportamiento del niño cuando esas preocupaciones, ideas o imaginación no es suficientemente alimentada.
Trasladando esta reflexión a las organizaciones nos encontramos también que la falta de alimentación (motivación, formación, confianza, oportunidades, beneficios, participación) sobre la inquietudes, la creatividad, las ideas, la innovación, la implicación de los miembros de la organización, como con los niños, provoca que éstos reduzcan su actividad precisamente a la inmediatez y a la obediencia. Es pura respuesta de supervivencia, la negativa a todo tipo de participación y aportación “al juego” no hace más que encauzar a las personas hacia la autopista de la mediocridad, una autopista que va llena y con un peaje muy caro.
Salu2


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Creo que es una mezcla de las dos cosas, del interés personal de cada uno y la actitud que mantenga ante la vida en general, y de las motivaciones que la empresa en la que trabaja le aporte. Hay personas a las que resulta muy difÃcil motivar, pero hay otras que acaban desmotivadas porque están en empresas muy poco receptivas y su trabajo acaba siendo todos los dÃas el mismo. Una de las cosas por las que me gusta el periodismo es porque cada dÃa puede ser distinto y darte la posibilidad de conocer gente nueva.
Por eso es tan interesante en las empresas hacer equipo, y que los que tienen más iniciativa y experiencia motiven al resto. Pero para eso es muy importante que la empresa lo tenga claro, aunque a veces la gran movilidad laboral lo dificulta.
Y como con los niños, todo esto requiere la inversión importante de recursos, tiempo y análisis que, no siempre tienes. Al final son muchas las empreas, sobre todo las pequeñas, que van resolviendo el dÃa a dÃa, y los niños le van creciendo. Hasta que un dÃa te dicen, "papa, que tengo 20 años, me voy", -bueno, en este caso ya dicen "tengo 35"-, y te quedas que no sabes como te ha pasado todo por encima.
Está claro que hay que dedicarle tiempo a los niños. A ver como lo hacemos.
Me ha encantado tu reflexión, Jordi.
Inmediatez y obediencia, dos palabras que marcan el dÃa a dÃa de muchas organizaciones, efectivamente. La falta de motivación es una gran desventaja para todas las empresas, y pienso que también para todas las personas, porque ¿cómo se puede ir a trabajar cada dÃa sin motivación, sin implicación, sin ganas, sin curiosidad?
En una sociedad desmotivada, pasiva y sin imaginación ni curiosidad, ¿cómo hacer que las personas que nos rodean tengan ganas de participar en algo, de ir más allá de unas simples obligaciones laborales? Pienso que todo el sistema va en contra de una actitud activa y a favor de ese binomio terrorÃfico al que te refieres. La salvación sólo puede ser a nivel individual, porque somos cada uno de nosotros quienes debemos salir del ajugero de la indiferencia y la pasividad.
Si no podemos hacer lo que nos interesa, al menos, que nos interese lo que hacemos. Es una actitud de cada uno no sólo frente al trabajo, sino frente a la vida.
Un saludo!