No cuadran, las cifras de que disponen la Asociación Hotelera de Menorca (ASHOME) y el Consell Insular, sobre el mercado británico, no cuadran. Lo que es cierto es que se ha producido una nueva caída, pero los hoteleros y el Consell no se ponen de acuerdo en el porcentaje concreto.
ASHOME cifra la caída en el 12% respecto al verano de 2007 basándose en las pernoctaciones registradas.En cambio, el Consell Insular apunta que el descenso ha sido del 8%, basándose en el registro de llegadas del Fomento del Turismo y de Aena. El acumulado, según el conseller Lázaro Criado, será del 9% menos respecto a 2007.
Según publicaba la semana pasada el Diario Menorca la diferencia en las cifras la justifica el Consell por el descenso de las pernoctaciones en los apartamentos turísticos, lo que haría que las estadísticas reflejasen un descenso mayor que las cifras recogidas por Aena. Claro que también debería tenerse en cuenta el hecho de que no todos los británicos que pasan por el aeropuerto de Menorca son turistas en sentido estricto, ya que existe una importante colonia de residentes que van y vienen todo el año.
Pero da lo mismo si cuadran o no, porque las cifras han dejado de ser importantes. Al menos, estas cifras. No debería importar tanto cuántos británicos han visitado Menorca como si piensan volver, qué les ha gustado, qué les ha decepcionado, qué aficiones tienen y si pueden llevarlas a cabo en la isla, si se han interesado por la cultura local y qué les dirán a sus amigos. Seguimos fijándonos en las cifras de llegada de turistas, cuando todo lo demás es mucho más importante, sobre todo en este momento de redefinición del producto turístico de Menorca.
A parte del hecho cierto de que el mercado británico está convulsionado -recordemos las recientes quiebras de dos turoperadores-, la situación económica tampoco favorece que los británicos viajen a un destino de zona euro que encima tiene fama de ser caro. La quiebra de XL en este momento, aunque es de lamentar, no ha afectado a la isla como podría haberlo hecho el año que viene, cuando habría estado en vigor un acuerdo con el turoperador que incluía un vuelo semanal de 180 personas desde Irlanda y la garantía de ocupación para diversos hoteles del norte de la isla, además de la inclusión de otros 10 hoteles y apartahoteles en sus catálogos y de otros 30 en su web. Pero aún así, hay que trabajar esa fama de caros. Si yo gestionse el destino turístico Menorca, pensaría que tener fama de caro no es malo para el destino, lo que es malo es que la calidad esté realmente muy por debajo de los precios. Eso es lo negativo, lo que hay que cambiar ya.
El conseller Lázaro Criado, ante la proximidad de la WTM, ha dicho que "es necesario hacer una reflexión profunda sobre el despliegue de medios en las ferias, pues hay otros sistemas quizá más efectivos a la hora de promocionar Menorca". El Consell se está pensando contratar menos espacio en las ferias para reducir costes y centrar mejor los objetivos. Y tiene razón. De cada vez es más importante la comercialización de cara al consumidor final, al turista directo, y ese es el camino que debe seguir Menorca para reorientar el curso de su historia turística. Seguro que hay ferias especializadas que pueden resultarle a la isla mucho más rentables, y donde no acuda del brazo de su principal competidora. Toda la promoción bajo el cartel "Illes Balears", una marca que no se basa en la realidad turística, beneficia única y exclusivamente a la más conocida de ellas: Mallorca. Ibiza, Formentera y Menorca no son más que comparsas a la hora de enseñar bonitos paisajes y de hablar de sostenibilidad. Puros anzuelos. Esto también tiene que empezar a cambiar.

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Totalmente de acuerdo. Y que nadie piense que esta postura es contraria a la necesaria cohesión social de nuestra comunidad autónoma. Es otra cosa bien distinta: es intentar vender la diferencia. Lo mismo que hacen los restaurantes ubicados en la misma calle: unos destacan sus platos de carne, otros los de pescado y aquel de la esquina la pasta, que le sale cojonuda.
Sin embargo, creo que Menorca debe hacer algo más si quiere garantizar el futuro de su industria turÃstica: crear productos compatibles con el de sol y playa y mejorar la calidad de la oferta que, como bien recuerdas, Ester, dista mucho de estar a la altura de lo que cuesta.