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"Para el turismo, es suicida competir vÃa precios", esta frase, que estamos hartos de oÃr los que nos dedicamos a esto del turismo de manera directa o indirecta, ha salido de la boca de Joan Mesquida, secretario de estado de Turismo, en una entrevista que publica hoy El PaÃs.
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Son muchos los que opinan que para acabar con la crisis las únicas armas que se pueden emplear son la calidad y la innovación como elemento diferenciador. Pero parece que, tal y como están las cosas, la diferenciación que va a apreciar más el cliente es la que afecte a su bolsillo. Sólo hay que mirar los periódicos para darse cuenta de que ahora más que nunca va a ser el precio lo que diferencie el éxito del fracaso. El paro roza el 14%, 800.000 hogares tienen a todos sus miembros sin trabajo, y la precariedad laboral asedia a los que tienen la suerte de poder trabajar. El parado, el explotado y el asfixiado por la hipoteca conforman el nuevo perfil del cliente nacional, y por eso mismo las marcas blancas han experimentado un crecimiento enorme en España en los últimos meses.
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El cliente internacional podrÃa sacar al turismo de la oscuridad, pero parece que la crisis es una enfermedad que se ha propagado por todo el globo y ni la estancada economÃa alemana ni la debilitada libra británica van a echar una mano al turismo español en esta ocasión.
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La realidad social ha dado un giro. La clase media se está viendo muy afectada por la crisis, y la sociedad tiende claramente a una polarización de estratos. Pero ante todo este cúmulo de circunstancias, la respuesta del sector es apostar por la calidad y por la innovación. Está claro que habrá un determinado perfil (pequeño) que busque ese binomio calidad-innovación en la actualidad, pero la masa, el gran porcentaje de la población, pertenece al otro estrato, al que compra marcas blancas.Â
La inmensa mayorÃa de la sociedad tiene que vivir al dÃa y recortar sus gastos diarios para llegar a fin de mes. ¿Y queremos vender calidad a esta gente? Estoy seguro de que todo el mundo desea rodearse de calidad en sus vacaciones. ¿Pero quién puede pagarla? Hay un perfil muy concreto de cliente al que todos se quieren dirigir, el acomodado de clase media-alta, pero cada vez hay menos personas dentro de este estrato y son muchos los que quieren comer de un plato cada vez más mermado. Ya decÃa Darwin que la especie que sobrevive no es la más fuerte, sino la que mejor se adapta cambio. El cambio ha llegado y la pregunta está sobre la mesa: ¿Nos adaptamos a la realidad o creamos una paralela?


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Hola Marcus,
Muy buen post. Está claro que los afectados por la crisis, si no pueden pagar unas vacaciones, tampoco pagaran unas producto solo porque es más innovador o porque ofreces más calidad.. Quien no tiene, no tiene.
Lo que creo que es lo mejor es tener varios productos que ofrecer, intentando apostar por este pequeño segmento que no se ve afectado por la crisis, en el caso de los hoteles, ofreciendo determinados productos exclusivos y más caros a aquellos que pueden pagar y ofreciendo también productos accesibles para aquellos que están sufriendo más con la crisis.
En el caso de Viva, hemos creado varios tipos de habitaciones nuevas y exclusivas, cobrando un buen suplemento por estas y hemos hecho ofertas para las habitaciones más baratas, ofreciendo un producto más sencillo a los que simplemente quieren disfrutar de unas vacaciones a un precio más accesible.
Y te comento que estas habitaciones más exclusivas ya se han vendido (son pocas y muy caras) visto que este pequeño segmento no se ha visto afectado por la crisis... De hecho, en unos de los hoteles estamos construyendo una habitación más. Ver Top Terrace http://www.hotelsviva.com/es/hotel/viva-bahia/h...