No, no es un ensayo de egiptologÃa.
De las reacciones anatómicas provocadas por el clima se ha hablado mucho, se habla y se hablará. Estudios sobre la incidencia de la radiación solar en el cuerpo humano, seguro hay mucho impreso, y aunque de nada de ésto haya versado, me atrevo a dar alguna hipótesis de lo que, al menos, a mi persona, afecta. Y a la del resto, creo, de los mortales y a sus bolsillos, ¡ qué demonios!.
Vivir en el sur es como ganar la loterÃa. No os digo nada al lado del mar, en la vertiente mediterránea, mejor que mejor. Un entorno como el Mar Menor, ni te cuento. Y uniendo ganas de vivir, un paladar entrenado y oferta amplia, el orgasmo está justificado.
Retomando el tema inicial, me considero pluviofóbo y la heliofilia es mi mejor amante, por lo que pueda provocar un simple rayo lumÃnico en mi capacidad de obrar y querer. Si una gota de lluvia inspira sentimentalismo, un haz de luz multiplica el efecto creador e incita al consumo.
Y digo esto, leyendo los versos de un poeta bronceado que nunca existió. Dejar caer esta reflexión, cuando compruebo que nuestros queridos turistas esbozan sonrisas en la terraza soleada del hotel. ¿Cuántos de ellos invirtieron para nutrir sus mentes de vitamina D?
Tan simple como eso. O tan complejo. Sol. Es un aliado perfecto. Le debemos mucho y de él nunca hablamos. Sol.
Por eso dedico estas lÃneas a un astro que es de todos pero que pocos lo ven.
¿PodrÃamos mimarlo más?

Si queréis algún dÃa descansar de vuestros rutinarios quehaceres, dejar que el sol caliente vuestros pensamientos y vuestros negocios.
Saludos desde una terraza soleada junto al mar donde reina la alegrÃa…y la cuenta de resultados.
Gracias, Vitamina E. (Es D, pero asà provoco al comentarista corrector).

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