Podemos considerar turista cultural a aquella persona por la cual su principal motivo es visitar una zona, región, paÃs...conocer su patrimonio histórico, participar de eventos culturales o fiestas tradicionales o gozar de la naturaleza o del paisaje humanizado de una zona.
Entre los diferentes escenarios dónde podemos encontrar al turista cultural, nos basamos en tres:
Ciudad histórica.
La gran metrópoli.
Itinerario cultural.
La OMT realizó una clasificación de turista cultural, adaptando la de Jansen Verbere en 1997:
Turista Cultural de masas:
Tendencia a cierta inspiración cultural pero siempre eligiendo destinos de prestigio (ciudades italianas, crucero por el Nilo, Santiago de Compostela...). Prefiere decantarse por el viaje combinado y consume productos culturales como si consumiera cualquier otro producto.
Turista Cultural ocasional:
Tiene un interés cultural mayor que el anterior, pero no es la parte cultural del viaje aquello que más lo satisface. Más bien es el tÃpico turista de sol y playa (o de nieve) que aprovecha las vacaciones para ver algún producto cultural. A diferencia que el anterior, aún comprando paquetes turÃsticos, no realiza itinerarios clásicos.
Turista Cultural:
Dentro de esta tipologÃa, se encuentra aquel que realmente tiene como objetivo principal consumir productos culturales. Capaz de diseñar desplazamientos en función del producto cultural a visitar, consume muchos eventos programados y tratando siempre de huir de las masas siempre que pueda. Se distingue por ser un viajero independiente a la vez de consumidor de grandes ciudades históricas.
Dentro de los fundamentos básicos que espera encontrar el turista cultural, destacamos la:
Accesibilidad:
Encontramos dos maneras de entenderla:
La primera de ellas es la accesibilidad fÃsica propiamente. Esto es poner el destino al alcance del turista mediante promoción de dicho destino, señalización, ampliación de los horarios y de la red de transporte público y un buen estado de conservación.
La otra accesibilidad no es tan palpable a simple vista y se denomina accesibilidad intelectual, refiriéndose al disfrute estético del monumento. Esto se traduce como sentimiento emocional hacia el monumento, interpretación del patrimonio, creatividad a la hora de interpretar el patrimonio cultural y el esfuerzo de las administraciones y del pueblo en general para conservarlo.
Autenticidad:
Dentro de ésta, se encuentra por un lado la autenticidad tradicional, refiriéndose al poder disfrutar de un destino que mantiene sus tradiciones, lengua, costumbres... de la manera más inalterada posible, asà como también del disfrute de un producto cultural bien conservado.
Por otro lado, hoy en dÃa tenemos más ocasión de ver otro tipo, llamada nueva autenticidad (en referencia a los parques temáticos o a partes antiguas de ciudades donde apenas hay población local y que solo hay servicios turÃsticos -caso por ejemplo, de Venecia-).

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Grcias por la información detallada del post. Yo añadarÃa solo una cosa a la accesibilidad: la infraestructura y el equipamiento necesario para que cualquier turÃstica con alguna discapacitad pueda acceder y difrutar del monumento.
Saludos