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Rincón web de montse
Montse Ferrer Sans

Eran cuatro habitaciones

Montse Ferrer Sans
Publicado por montse el 3 de Abril de 2010

Un ciprés es símbolo de bienvenida.

Dicen también que los cipreses son la cara amable de la muerte, que dan la bienvenida a las ánimas que se han liberado del cuerpo.

La costumbre viene de los romanos: los romanos plantaban cipreses para dar la bienvenida al viajero. Dos cipreses indicaban que la hospitalidad de la casa les ofrecia comida y cama durante unos días.

Entre los antiguos y la gente de los pueblos aún, la hospitalidad se considera como una de las grandes virtudes y un deber ejercerla con los extranjeros, viajeros y desconocidos. Segun Wikipedia: "los que habian sido huéspedes, quedaban sólo por este hecho obligados a socorrerse mutuamente y este deber, pasaba a la posteridad" . Actualmente, ha pasado a ser un ejercicio oneroso y sin retorno?

Me pregunto si "Camas y cocina para pocos" es la consecuencia lógica del siglo XXI del ejercicio de la hospitalidad. Si es necesario transformar este ejercicio en una red exótica a lo Wow Factor o a la Sensografía Gastronómica. O más bien, mirar hacia atrás. Hacia las Fiestas Hanami.

Por qué el ciprés y no otro árbol. Porque su madera resiste y dura en el tiempo. Y también porque dicen, que su altura conecta la tierra con el cielo.

El tema es que no sé si esta es la mejor forma de que a los habituales valores históricos o artísticos se le sumen este tipo de valores emocionales. No sé si responderia a un concepto más abierto de patrimonio común, que es a lo que al fin y al cabo debe responder el turismo y la hospitalidad, no manipular demasiado el paisaje, sonidos, recuerdos y tradiciones.  

Tags: cipreses, wow factory, hosteltur, sensografia
Licencia: Reconocimiento
Añadir comentario 2 comentarios
joantxo llantada
#1 Joantxo dice:

Hola Montse,

Muy interesante la reflexión que haces. Vincular el lenguaje de los árboles en decadencia como el del abanico, a la necesidad de recuperar conceptos como la hospitalidad me parece un equilibrio muy acertado. En mi día a día como técnico de promoción de una marca turística y responsable de la promoción gastronómica cada vez recurro más al concepto “ocio”, “viajero” y “hospitalidad” frente a los manidos y desvirtuados “turismo y turistas”. Creo que hemos perdido de vista el verdadero valor de lo que hacemos: somos “anfitriones” de las personas que nos ceden su “tiempo de ocio”, y nos juzgan por la habilidad de “ser hospitalarios o no”. Con todo lo que ello significa.

Y en cuanto al tema de tu post, los viajeros del siglo XXI demandan experiencias y estas se construyen entre otros gracias a los relatos, las historias, los conectores con nuestro pasado que da perspectiva y contextualiza nuestro presente. Esos magníficos seres vivos que son los árboles, y sus historias y leyendas que utilizo a la hora de interpretar el destino: los algarrobos y la historia de sus frutos, de los quilates,… el olivo y los doce libros de Columela o de cómo los fenicios asentaban sus colonias gracias a este; la palmera y los ritos mediterráneos asociados a la misma; el ciprés y su lenguaje; el pino y los usos de sus resinas; el roble y la encina, el enebro, el acebuche, la vid, la granada,…

Me alegra leer este tipo de reflexiones en la comunidad. Saludos,

Escrito el 3 de Abril de 2010, hace más de 2 años
Montse Ferrer Sans
#2 montse dice:

Cierto, hay dos palabras relegadas, con todas sus connotaciones: anfitrión y huésped.
Completamente de acuerdo contigo y sin nada que añadir. Encantadísima de que te hayas pasado y comentado Juantxo. Gracias.

Escrito el 4 de Abril de 2010, hace más de 2 años