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Grupo HUELVA LA LUZ

Blog del grupo HUELVA LA LUZ

Alfonso Vargas Sánchez
Publicado por vargas el 21 de Agosto de 2011

Que el turismo se ve afectado por la imagen del país de destino es un axioma. Una buena imagen del país (con determinados rasgos sobresalientes) favorece la atracción de flujos turísticos de aquellas tipologías deseadas; por el contrario, cuando la imagen se ve deteriorada por acontecimientos con una proyección internacional, el turismo se resiente, cuantitativa y cualitativamente.

Tenemos ejemplos recientes para ilustrar ambas situaciones:

-La victoria de España en el campeonato del mundo de fútbol del año pasado supuso un espaldarazo para la imagen del país. España ha ganado visibilidad en el mundo tras ese triunfo deportivo con tantísimo impacto mediático a escala global, de los que no estamos ayunos en los últimos tiempos, felizmente. La industria del turismo se beneficia de ello.

-En otros casos, sin embargo, la industria turística se ve claramente perjudicada, como en el de la  huelga salvaje de los controladores aéreos, todavía fresca en la memoria colectiva (y en los juzgados). Esto tiene efectos más allá de las cancelaciones de vuelos en unos días concretos, por el severo perjuicio que causa en la imagen de un país, que aparece ante el mundo como fuera de control y no suficientemente fiable.

Pero volviendo al fútbol, el último año ha estado plagado de esos llamados “derbies” o clásicos Madrid-Barcelona, Barcelona-Madrid, que tanta atención absorben allí donde este “deporte” es seguido masivamente. Hace unos días hemos sufrido el último. Pongo deporte entre comillas y uso el verbo sufrir de forma deliberada.

Soy futbolero, pero hace tiempo que he dejado de ver estos partidos, que más que deporte parecen un mero espectáculo de “circo romano” soportado en el morbo de batallas campales incluidas en el precio. Siento vergüenza de comprobar cómo se han perdido valores consustanciales a la sana competición deportiva; cómo la tensión y la histeria se elevan hasta límites insoportables por parte de algunos medios de comunicación; cómo la política ha contaminado el deporte; cómo se atenta al sentido común con el manejo de sumas económicas (traspasos, sueldos) tan astronómicas como disparatadas, sobre todo en los tiempos de apreturas que corren. Todo esto me repele, me aleja de un deporte que, pese a todo, me gusta, como a tantos millones de españolitos: nos hemos criado dando patadas a un balón (en Huelva quizás un poco más, por aquello de haber sido el pimer lugar en el que la semilla del balonpié germinó en la "piel de toro").

En suma, siento pena de constatar la pésima imagen, que derby tras derby, clásico tras clásico, trasladamos al mundo con esas batallas campales, sobre todo a los más jóvenes.

¿Qué imagen de país estamos creando? ¿Nos ayuda a vender España? ¿Favorece al turismo? ¿Creerá el turista que aquí todo es “jauja”, a la vista de lo que ocurre en estadios (“circos romanos” del siglo XXI) como el Camp Nou o el Santiago Bernabeu?

Como dijo mi más apreciado maestro en la universidad: “Alfonso, hay gente para todo. El secreto reside en saber dónde están y llegar hasta ellos con el producto y el mensaje adecuados”. Pero no todo vale, también aprendí eso. Todavía hay a quienes nos quedan escrúpulos, frente a quienes defienden que todo esto es parte del atractivo del fútbol. ¡Qué horror! No nos sonrojemos entonces cuando veamos a turistas propios y extraños hacer burradas con cualquier excusa: cuando se está de vacaciones todo vale…como en el fútbol. Al menos en estos días están de huelga los futbolistas: desintoxiquémonos un poquitín. Aprovechemos, porque será por poco tiempo: éste es el gran somnífero nacional.

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