Comprender significa poder controlar. Stephen Hawking
Querida Elena,
Me preguntaste muchas veces por mi opinión y experiencia sobre lo más difícil del management. Y te respondí, acercándote mi visión de las cosas de manera fragmentada, pues es difícil simplificar lo complejo, y, si acaso, logré barruntar respuestas según me fueron viniendo. Así que voy a intentarlo mejor a través de esta carta.
Lo más complejo del management no es la estrategia, ni el marketing, tampoco es el control de gestión o los asuntos financieros, ni la parte comercial. Lo más difícil del management es liderar. Sí, liderar. Liderar un equipo no es una disciplina tan clara ni tan estructurada, como ocurre con otras disciplinas y campos que constituyen también el management. Puede ser fácil administrar, o dirigir a personas, pero no liderarlos, pues esto implica mucho más. Creo que ya lo intuyes, aunque no lo verás tan claro hasta el momento que empieces. Sus problemas, los problemas de las personas que liderarás y que también serán tuyos de una manera u otra, siempre serán los más difíciles manejar; cuando entren en escena los sentimientos y las pasiones que a todos nos son inherentes.
Lo primero que tengo que decirte es que, y aunque sentirás muchas veces que es ingrato, el management, es una cuestión de resultados. Los resultados son necesarios para seguir y potenciar la energía: tu energía y la de tu equipo. Tal y como en un partido de futbol el estado de ánimo puede sobreponerse con un solo gol, y de repente, subir la moral del equipo para buscar el segundo con más fuerza, en management, los resultados también nos reafirman con más energía. Tu calidad directiva será medida en última instancia, por aquellas personas que te han contratado y que pagan por los resultados que esperan les des. Pero cuidado, porque siendo simple en la meta, no lo es tanto en la elección del camino. Existe una diferencia de matiz, y está, en cómo podrás llegar a esos resultados de la mejor forma. Este asunto tan capital, no siempre dependerá de ti; cómo lo hagas, sin embargo sí que formará parte de tu carácter y marcará tu creencia personal como directiva.
Pediste mi consejo porque confías en mí, y te diré que siempre será mejor escoger el camino en el tú ya crees, y que es el mismo que el mío. Aquel camino que confía en las personas, a pesar de que dicha confianza pueda llevarte a grandes decepciones a lo largo de tu carrera. Aunque esto suceda, también estoy seguro de que tomarás mejores caminos que si hubieras escogido el camino de la desconfianza y la suspicacia. Y que tanto verás por ahí.
Intentaré resumirte lo complejo, tal y como Einstein veía la física; él siempre esgrimía que a la naturaleza le complacía la simplicidad; si en todas las teorías científicas -dejando aparte sus expresiones matemáticas- había que presentarlas con una descripción tan sencilla que hasta un niño pudiera entenderlas, procuraré hacer talento de dicha capacidad y hacerte la mejor simplificación posible de cómo comprendo yo el management. Aunque diferencia de Einstein, cuando rechazaba a la física cuántica, yo sí que admitiré que en esta materia no hay certezas; y que en management, como en la física cuántica de Nielhs Born, también se dan probabilidades, azar e incertidumbre. Creo incluso en que, cómo observemos y en qué estado observemos, podremos llegar a obtener resultados diferentes. Es como si pudiéramos influir en la realidad. Porque cómo veas el trabajo y qué actitud demuestres trabajando, sin duda transformará muchas cosas, empezando por tu gente.
Quiero presentarte mis consejos a modo de leyes metafóricamente, pretendiendo que no las veas como un absoluto, pero sí, por lo menos, como algo firme en lo que creo.
Mi primera ley para empezar mis consejos es la confianza. Saber que dicha confianza en la que creerás será recíproca. Tanto más confíes en la gente que lideras, tanto más ellos te corresponderán. Por el contrario, si tu actitud fuera de desconfianza intrínseca, puede que obtengas resultados, pero estos siempre serán menores. Así, dicha confianza no significará barra libre alguna, sino una confianza inteligente que comprenderá que el control es necesario, pero perjudicial si no permite dejar hacer a los demás. Suelo decirte a menudo que me siento como aquel malabarista chino, que mantiene todos sus platos girando en sus palos; ¿cuántos más platillos conseguirás mantener en equilibrio? Dependerá de tu capacidad de delegar y rodearte de las personas adecuadas.
Mi segunda ley basa sobre la evolución de las cosas y las personas. Esta ley, en realidad consiste en hacer de la necesidad una virtud. Si ayer estabas en un mercado o sector que era más estable, hoy no lo es tanto. Nuestra sociedad de hiperconsumo acelera la evolución de las cosas como la misma energía oscura que aleja a las galaxias unas de otras; si lo que ayer valoraban los clientes hoy no lo valoran, como directiva, tendrás que estar al tanto de todo esto. Y tendrás que conseguir que tu equipo también lo esté. Ahí empezarás a luchar contra la obsolescencia y la entropía. A veces, sentirás incluso que es una lucha altruista, porque tus jefes no verán ni comprenderán las cosas como tú.
La tercera ley basa sobre tu misión de liderar transformado. A esto lo han llamado liderazgo transformador. Creo en ello, y creo que aquí está una de las diferencias de matiz de las que antes te hablé. Mi razonamiento lógico basa sobre lo siguiente: si el mercado es cada vez más complejo e incierto, por la evolución natural y más acelerada de todo, necesitarás contar con mejores personas a tu lado. Estas personas, no necesariamente tienen que ser los mejores, simplemente las personas adecuadas. Tienes que conseguir asociarte con más personas en tu equipo para que te ayuden a pensar. No sólo tienes que crecer tú, sino hacer también, que los que están contigo crezcan junto a ti. Sólo así, serás capaz de entender mejor el caos aparente que muchas veces encontrarás, desenvolviéndote mejor en él; aprovechando mejor la disconformidad de opiniones y visiones, encontrando oportunidades donde otros ven problemas, cambiando mentalidades en tu equipo para ver las cosas de otra manera…Transformar es profundo, muy profundo. No es lo mismo que cambiar de parecer o convencer temporalmente. Significará que realmente convencerás, y te convencerás de que las cosas son mejor hacerlas de esta manera. Para ello nunca antes se hizo más necesaria la ejemplaridad: tu ejemplaridad. Y del mismo modo tu cercanía en las personas que confiarán en ti y en las que tú podrás confiar.
La cuarta ley dice que si tratas a tus trabajadores como personas inteligentes, conseguirás que hagan las cosas con más inteligencia. Esta ley se sostiene por la primera ley: la confianza. Si partes de que las personas en tu equipo son las personas adecuadas, entonces, tendrás que compartir con ellos, cuanta más información mejor. Siempre es más fácil si el equipo es más pequeño. O siempre se puede hacer más fácil si el equipo, siendo grande, está perfectamente replicado como hacemos las cosas en nuestro equipo más inmediato. En tu caso, hoy tu equipo es más pequeño, así que tendrás la oportunidad de mostrar más cercanía con todos ellos. Del mismo modo, tendrás mejor oportunidad de compartir más información sobre todo lo que sea vuestro campo de acción. Esta cuarta ley también implica, que, una mayor comunicación, siempre que sea sincera y transparente, producirá mejor compromiso por parte de tu gente. ¿Qué información es más relevante o irrelevante? No se puede hacer una tesis de esto, pero te lo simplificaré contestándote que será relevante si puede, directamente o indirectamente, mejorar vuestros objetivos.
Quinta ley: hay objetivos simples y otros más complejos. Hay objetivos que se pueden cuantificar y medir, pero otros que son incuantificables, aunque no por ello igual de importantes para conseguir los primeros. Y entiendo que ya sabrás cuáles serán los objetivos más simples; sean marcados por tus jefes o por ti. Yo espero que estos objetivos sean razonables y creas en ellos, no por esto que no sean ambiciosos, pero sí alcanzables. Sin embargo, hay más objetivos que no son tan explícitos. Pueden ser tantos objetivos como leyes por descubrir; y estarán ahí esperándote. Es como empezar por el tejado a construir la casa, ya que esperan de tí objetivos económicos, pero para llegar a ellos te esperan muchas acciones que podrás descrubir tú y tu equipo. Los libros y las universidades, o muchas escuelas de negocio, o tus jefes, te harán creer que todo es más simple y organizado, como las leyes de Newton: todo muy mecánico. Así, si hay un problema de mercado puede que la solución esté en el marketing, o si es de personas y de talento, la solución estará en la gestión del conocimiento o en los recursos humanos… No te fíes; los efectos de la causas no son tan mecánicos. Está bien que simplifiquemos con ciertas reglas y métodos de acción, no obstante siempre desconfía de ellas si se presentan como un absoluto o la receta del mes para solucionar tus problemas. De otro modo te harán olvidarte de la complejidad subyacente, y perderás mejor visión de una posible y más completa totalidad. Perseguir los resultados de los que antes te hablé como causa-efecto, a veces no es tan simple. Ocurre así por el problema de la incertidumbre y del azar. La simplificación puede ayudarte, pero no puedes dejar de olvidar que más profundo, la realidad, no es tan clara.
Hay una sexta ley que tendrá en cuenta la entropía. Esta ley postula que el management no es sólo una cuestión de personas, y hacer una mejor eficacia conjunta de ellas, y que sus debilidades se tornen irrelevantes, el buen management, es el anticuerpo de la entropía. ¿Qué es la entropía? La entropía es inevitable y nos rodea constantemente, postula la tendencia al caos y la aleatoriedad del universo con el paso del tiempo. El transcurrir del tiempo hace inevitable la entropía. Está en todo, y también en las empresas. Siempre hay una tendencia al desorden y a la decadencia. Podrás ver que, cuando te acompañen los resultados, existirá una tendencia casi inevitable a relajarse, buscando zonas de confortabilidad. Como personas que somos esto es inevitable y gustamos de las rutinas, y nuestra estabilidad. Está bien que esto suceda, pero cuidado, ya que los mismos éxitos, pueden llevaros a dejaros caer. En cierta forma a abandonaros. A esto se le llama statu quo; lo que se creó y funcionó, bien puede haberse hecho dogma, y, paradójicamente, se convierta en problema. Sucederá así cuando el mercado evolucione, y no seáis capaces de hacerlo vosotros. El problema es que el mercado de la época de hiperconsumo y sobre oferta en la que nos encontramos, evoluciona cada vez más rápido. Lo que ayer hacíamos y era correcto, mañana no lo es. Por esto siempre recordarás la séptima ley.
La séptima ley trata sobre uno mismo y la capacidad de mejorarse continuamente. Incluso de reinventarse si la situación lo requiere. Esta ley postula que la formación y el aprendizaje nunca acaban. En realidad esta ley no debiera referirse sólo al management, sino también, a la misma actitud ante la vida. Un gran autor dijo una vez: “no leo para aprender sino para vivir”. En esta ley, creo que es importante seguir los consejos de Drucker. Claro está, que no es necesario tener su capacidad de lectura, aunque sí por lo menos, ir poco a poco. Comprendo que, a veces, leer filosofía, ciencia y psicoanálisis… no es fácil, pero sí es más fácil y ameno leer otras cosas que estoy seguro ampliarán tu visión y actitudes, como la historia, arte, poesía, sociología, la literatura …y luego continuar por lo otro. Ver más lejos y ser conocedor, no sólo consiste en leer sobre lo más específico y práctico del management, que por otro lado ya encontrarás en los libros especializados, sino también, sobre otros campos en los que, aparentemente, no hay conexiones directas con lo más práctico. Ampliarás tu visión conceptual de las cosas. Comprendo que esta ley sea la más difícil por sacrificada, pero si consigues hacerla un hobby puede tornarse en pasión; tal vez empezando por lo más fácil sin saturarte y continuando por lo más profundo. Con el tiempo encontrarás que mejoras como persona. También aumentará la confianza en ti misma. Si algo tengo hoy en día claro es que en esta era de la información y las redes sociales o 2.0, hay muchas virtudes, pero también defectos: la superficialidad y el ruido por la sobre carga de información. Verás… tener acceso a mucha información no significa tener mejor conocimiento; para conocer hay que ser capaz de discernir evaluando qué puede ser lo más correcto.
La octava ley dice que el maganament es también una cuestión de valores. Por lo tanto tu responsabilidad será defender e incluso implantar aquellos valores que os llevarán mejor a vuestros resultados. Como en la vida, los buenos valores también están en el trabajo. Los valores nos ayudan a que los comportamientos trabajando queden más claros; qué está bien y qué está mal, sea comprendido y compartido entre todos. Es necesario que creas y defiendas esos valores. Hay muchos, e incluso, como los objetivos más difusos, hay otros valores más tácitos aun sin ser explícitos. Te diré unos cuantos que yo sí que hago explícitos: la confianza antes nombrada y la ejemplaridad, la sinceridad, la humildad, la solidaridad con los compañeros en el equipo, la integridad, la actitud de aprender constantemente, la actitud de ser proactivo aun siendo organizado, el compromiso y el esfuerzo en el trabajo…etc.
Quiero remarcar lo que significa para mí la humildad. Que es precisamente lo que suele faltar en muchos directivos. Contrariamente, suele despreciarse por muchos estudiosos del asunto. Estos gurús, cuando analizan los resultados de directivos, contrarios a tener esta buena actitud, piensan que, si su estilo narcisista les ha ido bien porque consiguieron buenos resultados económicos en un momento dado, la causa de aplicar su buena dosis de ego será entonces buena y necesaria; es necesario mostrar confianza, mucha confianza en sí mismos –dirán algunos. Lo cierto es que, confiar en nuestras capacidades es importante para liderar, pero si dicha confianza no viene con la dosis correspondiente de humildad, puede llegar a desperdiciar mucho talento en equipo. Si no lideras también con humildad no harás crecer mejor a tu equipo. Tampoco crecerás tú. Nunca te olvides que liderar también supone hacer mejor a los demás. Acuérdate de las palabras de Lao Tzu: «El mal líder es aquel a quien la gente desprecia. El buen líder es a quien la gente alaba. El gran líder logra que su pueblo diga: Lo hicimos nosotros»


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Chapeau!!! Que difícil debe ser dirigir y liderar, que es para mi una misma cosa, que difícil y a la vez que atractivo, que fascinante debe ser trabajar y profundizar en un arte inexacto, cambiante y relativo, de ahí su complejidad pero también su encanto, que mundo más radical debe ser, plagado de desilusiones y decepciones mezcladas con exitos y reconocimientos.
Desde luego las 8 leyes de como comportarse en el ejercicio del liderazgo pero tambien de como comportarse en la vida.
Va para favoritos!
Eso es. Mencionas algo que no he hecho tan explícito: trabajo y vida. La vida sin un trabajo que te llene es una vida peor.
Hoy leía a Lipovetsky -sociólogo que te recomiendo leer-"La felicidad paradójica", y escribe: "En esta sociedad hiperconsumista e hipermaterialista [...] al margen como se viva el tiempo libre, es innegable que los individuos lo buscan pensando en una satisfacción de tipo hedonista, lo cual no suele ocurrir con el trabajo. Se dice que el trabajo es la cruz..."