"La mayor sabidurÃa que existe es conocerse a uno mismo"
Galileo Galilei

Desde que en el verano del 2008 el huracán nos pillara dentro, sobrecogidos por la amenaza de una crisis entonces de proporciones inimaginables, los presupuestos se convirtieron en un concepto un tanto caduco ya que las estimaciones esperadas empezaron a estar sujetas a variables libres de control tomando éstos una fisonomÃa tan irreal como la propia expectativa de su lógico y, a veces, desproporcionado alzado.
Las estimaciones históricas se convirtieron justamente en eso, una historia poco relevante, que aconteció pero que poco tenÃa que ver no solo con la capacidad de medir futuros acontecimientos sino con la posibilidad de aportarnos, a pesar del plan, de códigos de conducta o modelos de cambio capaces de preveer u orientarnos frente a una situación cuyo calado se remonta a nuestra actividad presente y parece que futura.
Y sin entrar a valorar las diferencias que ese impacto tuvo y tiene entre las grandes empresas y las pymes hoteleras o el posicionamiento o solidez de determinados destinos turÃsticos frente a otros florecientes, entiendo que la rentabilidad turÃstica se ha convertido no solo en asignatura pendiente sino en una necesidad global de aunar esfuerzos, actitudes, propuestas y, sobre todo, en transformar la visión de un paÃs ensimismado en sus autonomÃas hacia una convergencia más plural y céntrica que, respetando identidades, nos permita convertir el turismo y toda su actividad en un sector estratégico con vocación de liderazgo más allá de nuestras fronteras.
Porque el concepto de rentabilidad puede medirse en términos económicos o financieros pero la consecución del objetivo lleva consigo un cambio de mentalidad capaz de transformar la visión de un sector que barre puertas adentro pero sin la sincronÃa y la unidad necesarias para poner en valor nuestros atributos y mejorar, entre todos, nuestras flaquezas.
Contamos con recursos propios y nuestro "inmovilizado" tiene la capacidad de atraer a millones de turistas todos los años. Mantenerlo, conservarlo, diversificarlo, salir de esa abstracción de que cualquier tiempo pasado fue mejor nos ayudará a entender nuestro patrimonio, nuestro balance.
Y no es que la herramienta no sea válida y necesaria sino que simplemente el control fue la variable a controlar ya que la incertidumbre aventajó a las estimaciones envolviéndolas en malos presagios y tocando el centro neurálgico de la propia actividad.
La rentabilidad pues, sin control, se convirtió en una especie de niña desbocada que transitaba por los pasillos del miedo, un mal chiste de última hora cuando veÃas tu REVPAR acumulado a fin de mes.
Hoy más que nunca y a pesar del efecto deflacionista de nuestros competidores del norte de Africa debemos saber competir.
Y eso no podemos hacerlo eficazmente desde el aislamiento o posturas partidistas.
El cambio de visión entraña un esfuerzo realista promulgado desde la propia base de nuestras empresas. No es una cuestión de tirar al plato a modo de entretenimiento pasajero.
Tenemos que asentar las bases de una cultura orientada a la venta, una cultura donde todos somos vendedores, personas capaces de vender y mejorar nuestros ingresos con la razonable contención del gasto.
Vender más de lo que ya vendemos y hacerlo mejor para compensar si alguna vez vendemos algo menos.
Convertir a las personas en ejes fundamentales de nuestra estrategia y potenciar la venta cruzada de todo aquello que escapa a nuestro territorio pero que contribuye y aporta ingresos adicionales a nuestra balanza común.
Debemos centrarnos menos en el ratio y utilizar el bechmarking de nuestro paÃs como fuente de sabidurÃa y modo de interpretar mejor los resultados.
Debemos dar un paso adelante, creer en nosotros mismos porque hay clientes que esperan captar su atención, suscitarles el interés, despertarles el deseo, darles una experiencia que nunca olvidarán.
Pero tenemos que cambiar la visión guiando y desarrollando personas:
-ajustándonos a criterios de retribuciones justas y adecuadas
-estimulando la comunicación
-potenciando la responsabilidad y la delegación
-detectando necesidades de formación
-gestionado el talento
-manteniendo y mejorando el clima laboral
-motivando
-fomentando la superación continua
-involucrando a todos con los objetivos de las empresas
Creo que, desde ahÃ, podremos recobrar la calma de nuestras cuentas sólidas asegurando nuestra rentabilidad presente y futura con el beneplácito de nuestra clientela pero, sobre todo, contando con una gestión del desempeño que marcará aún más la diferencia.


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